viernes, julio 03, 2009

Einmal ist keinmal

Una vez es ninguna vez... Los alemanes usan esta frase para explicar la realidad de que no hay second chances, así como también tiene otras acepciones que en Español sonarían ridículas y sin sentido más para mi lo tienen, hacen ruido... Duelen a veces según el día, hora y lugar, tanto que a veces sentís como Ally McBeal que una raqueta invisible sale y te golpea cual pelota de tennis pero seguís ahi, estoíco y no sabés qué hacer.

No me gusta, lejos está de agradarme que me haga ruido, no voy a hablar de culpas (las tortonas de Filosofía han logrado lo suyo, concepto de culpa judeo-cristiana, say no more) pero si hablaré (y seguiré hablando) de responsabilidades. Lejos está de importarme el por qué, alguna vez sí, quién hizo y quién no pasó a la historia más esto sigue pesando, esa influencia negativa que lastima a quién más amo... Y yo, yo... Caigo, como nunca quise caer.

No soy Celine, no soy Jesse, tampoco soy Clementine y (Gott sei Dank) a años luz estoy de parecerme a Joel. Life is not a hollywood movie yet reality... Ese es otro cantar. No juego ya con las mismas reglas, no entiendo de mucho, pero a la par comprendo todo y ¿dónde estoy? ¿Escalera al cielo? ¿Poliladron? ¿Escondidas? O será que inevitablemente siento que jugamos al cuarto oscuro y a mi siempre me toca buscar.

Ya no temo a la oscuridad, ese extraño sueño donde la recepción quedaba a oscuras, asfixiante cual seres saliendo de la oscuridad, asfixiantes, quitando toda posibilidad de esperanza y los gritos de fondo (todo muy dementores pero fue así) mientras todo se perdía... Sin que la linterna aparecía, ya no me desmayo, loco, muy Nahuel tal vez, pero esa luz volvió a brillar (brillará, brillará, sin-ce-sar, años de colegio católico, sabrán disculpar) e inexplicablemente emana de mi mismo.

Todo cambia y era hora. Por primera vez en mi vida siento que estoy donde debo estar, no fuerzo nada más todo encaja, cual puzzle perfecto ante mis ojos, mi vida dejó de jugarme en contra, me amigué conmigo mismo (freakkkk as it sounds) y me siento completo, mucho de esto se lo debo a Nahuel, hay una brújula, hay un fin (más no finito), hay un destino. Y quiero llegar.

Recordaba cierta charla con Santiago con una metáfora graciosa más certera:
- Pensalo así, yo me quería hacer mierda y él era la autopista, no había camino más veloz.

No quiero temer más, me paro, estoy seguro y esto que como tantas veces empezó serio se vuelve una vez más un texto to-be de Bucay. Shit happens. Pero está todo claro, como siempre debio ser, porque al final de cuentas, todo se resume a la pregunta inicial:
- ¿Sos feliz?

Y la respuesta es .

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